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El catálogo completo hecho a pedido: sofás, mesas de comedor, camas, muebles con tapa de piedra y piezas de exterior, cada uno construido a tus dimensiones, material y acabado. Aquí nada es producción masiva; cada pieza se encarga y se construye para…
La silla de acento Meistratzheim tiene una silueta sobria y más confort del que aparenta: un cojín de fibra natural sobre una base esculpida que cede justo donde debe. Hay sillas que llenan un rincón. Por esta se cruza el ambiente.
La silla de acento Kogenheim es para sentarse, no solo para fotografiarse. Tapicería suave sobre estructura de madera maciza en tono cálido, con curvas dibujadas a mano antes de pasar al taller. Cerca de una ventana es donde más se usa.
La silla de acento Vence vive afuera todo el año. La estructura es de teca o de aluminio con recubrimiento en polvo, así que no se oxida ni se ampolla con el aire salino, y el asiento va tejido o acolchado para la intemperie. Un manguerazo al final de la temporada y queda para la siguiente.
La silla de acento Herbsheim tiene una silueta sobria y más confort del que aparenta: un cojín de fibra natural sobre una base esculpida que cede justo donde debe. Hay sillas que llenan un rincón. Por esta se cruza el ambiente.
La silla de acento Osthouse se lee como escultura desde el otro lado del ambiente y funciona como silla en cuanto uno se sienta: un asiento que sostiene bien, un respaldo que quita la tensión, brazos a la altura justa para la muñeca. Para quien se sienta con un libro y se queda.
La silla de acento Gerstheim va tapizado en una tela tejida para durar y para ser suave a la vez, sobre una estructura con ensambles de verdad. Es la pieza que convierte un rincón en un lugar al que uno va a propósito.
La butaca Luzarches lleva el peso de lo hecho con criterio: no pesada, pero presente. Sus materiales se eligieron por cómo envejecen, no solo por cómo lucen el primer día. En un ambiente de muebles efímeros, esta es la pieza que seguirá aquí dentro de veinte años. Y seguirá siendo hermosa.
La silla de acento Ebersheim es para sentarse, no solo para fotografiarse. Tapicería suave sobre estructura de madera maciza en tono cálido, con curvas dibujadas a mano antes de pasar al taller. Cerca de una ventana es donde más se usa.
La silla de acento Bootzheim se lee como escultura desde el otro lado del ambiente y funciona como silla en cuanto uno se sienta: un asiento que sostiene bien, un respaldo que quita la tensión, brazos a la altura justa para la muñeca. Para quien se sienta con un libro y se queda.
La butaca Monemvasia está tapizada en un material que se suaviza bellamente con los años de uso y desarrolla la pátina que solo se gana el mobiliario honesto. Su estructura se tornea y se acaba a mano. La silueta es lo bastante discreta como para fundirse con el ambiente y lo bastante sólida como para anclarlo. Diseñada para la devoción diaria.
La butaca Viarmes lleva el peso de lo hecho con criterio: no pesada, pero presente. Sus materiales se eligieron por cómo envejecen, no solo por cómo lucen el primer día. En un ambiente de muebles efímeros, esta es la pieza que seguirá aquí dentro de veinte años. Y seguirá siendo hermosa.
La butaca Boran lleva el peso de lo hecho con criterio: no pesada, pero presente. Sus materiales se eligieron por cómo envejecen, no solo por cómo lucen el primer día. En un ambiente de muebles efímeros, esta es la pieza que seguirá aquí dentro de veinte años. Y seguirá siendo hermosa.
La silla de acento Schwobsheim es para sentarse, no solo para fotografiarse. Tapicería suave sobre estructura de madera maciza en tono cálido, con curvas dibujadas a mano antes de pasar al taller. Cerca de una ventana es donde más se usa.
La silla de acento Hilsenheim va tapizado en una tela tejida para durar y para ser suave a la vez, sobre una estructura con ensambles de verdad. Es la pieza que convierte un rincón en un lugar al que uno va a propósito.
La silla de acento Sundhouse es para sentarse, no solo para fotografiarse. Tapicería suave sobre estructura de madera maciza en tono cálido, con curvas dibujadas a mano antes de pasar al taller. Cerca de una ventana es donde más se usa.
La silla de acento Rhinau es para sentarse, no solo para fotografiarse. Tapicería suave sobre estructura de madera maciza en tono cálido, con curvas dibujadas a mano antes de pasar al taller. Cerca de una ventana es donde más se usa.
La butaca Precy lleva el peso de lo hecho con criterio: no pesada, pero presente. Sus materiales se eligieron por cómo envejecen, no solo por cómo lucen el primer día. En un ambiente de muebles efímeros, esta es la pieza que seguirá aquí dentro de veinte años. Y seguirá siendo hermosa.
La silla de acento Arezzo va tapizado en una tela tejida para durar y para ser suave a la vez, sobre una estructura con ensambles de verdad. Es la pieza que convierte un rincón en un lugar al que uno va a propósito.
La silla de acento Lipari tiene una silueta sobria y más confort del que aparenta: un cojín de fibra natural sobre una base esculpida que cede justo donde debe. Hay sillas que llenan un rincón. Por esta se cruza el ambiente.
La butaca Savoca está tapizada en un material que se suaviza bellamente con los años de uso y desarrolla la pátina que solo se gana el mobiliario honesto. Su estructura se tornea y se acaba a mano. La silueta es lo bastante discreta como para fundirse con el ambiente y lo bastante sólida como para anclarlo. Diseñada para la devoción diaria.
La silla de acento Neuf-Brisach se lee como escultura desde el otro lado del ambiente y funciona como silla en cuanto uno se sienta: un asiento que sostiene bien, un respaldo que quita la tensión, brazos a la altura justa para la muñeca. Para quien se sienta con un libro y se queda.
La butaca Ensisheim está tapizada en un material que se suaviza bellamente con los años de uso y desarrolla la pátina que solo se gana el mobiliario honesto. Su estructura se tornea y se acaba a mano. La silueta es lo bastante discreta como para fundirse con el ambiente y lo bastante sólida como para anclarlo. Diseñada para la devoción diaria.
La butaca Guebwiller está tapizada en un material que se suaviza bellamente con los años de uso y desarrolla la pátina que solo se gana el mobiliario honesto. Su estructura se tornea y se acaba a mano. La silueta es lo bastante discreta como para fundirse con el ambiente y lo bastante sólida como para anclarlo. Diseñada para la devoción diaria.
La silla de acento Rouffach tiene una silueta sobria y más confort del que aparenta: un cojín de fibra natural sobre una base esculpida que cede justo donde debe. Hay sillas que llenan un rincón. Por esta se cruza el ambiente.